Los labios son el marco de la sonrisa, y como tal deben cuidarse. No basta con maquillarlos para hacerlos notar, hay que tratarlos, pues la sensibilidad de la zona así lo exige.
Su delicadeza responde a la falta de células protectoras por lo cual pierden humedad y se resecan fácilmente. Además, son muy vulnerables al sol, este los quema directamente, y a el frío que los reseca.
Un par de reglas que nos ayuda a evitarlo:
- Al igual que el rostro, los labios necesitan hidratación. Lo esencial es beber suficiente agua y, antes de dormir, aplicar bálsamos como la manteca de cacao, vaselina o aceite de oliva.
- No fumar ya que hacerlo contribuye a la aparición de arrugas alrededor de la boca por la postura que adopta.
- Aunque se crea que humedecer los labios con saliva los hidrata, realmente ocurre lo contrario.
- Antes de maquillarlos, empapar un trozo de algodón en agua caliente y mantenerlo en los labios medio minuto para ablandar las pieles muertas. Después, hidratarlos.